27 SEPTIEMBRE 2018 - HOMILÍA, LA FLORIDA

27 DE SEPTIEMBRE DE 2018 - HOMILÍA, LA FLORIDA, PERÚ
Gerardo Anton Zerdin, O.F.M.
Obispo Vicariato Apostólico de San Ramón

 

Queridos Hermanos:

Hoy tenemos aquí las reliquias de la Hermana Aguchita, mártir de la fe, que permanecerán aquí en La Florida, como testimonio de su entrega a Dios y al pueblo. Porque el mártir es un testigo del Reino de Dios en nuestra tierra que sigue creciendo y dando frutos hasta la vida eterna.

 

Aguchita es una flor que nació del Perú profundo, de Ayacucho, del pueblo autóctono con su dulce lengua indígena y dulce palabra que eleva su oración y ofrenda de su vida a Dios y que derrama su aroma y dulzura a la gente que la necesita. Madre y Pastora que con su carisma refleja el Amor de Dios a los pequeños.

 

¡Qué bien se verán las dos flores aquí, Rosa[1] y Aguchita, en La Florida que más aún merecerá este nombre!

¡Qué motivación más fuerte es para los pueblos indígenas para acercarse más a Dios, creador de este mundo maravilloso que nos empeñamos tantas veces a humillar y destruir!

¡Qué testimonio de amor profundo hacia los pequeños en este mundo muchas veces lleno de egoísmos y luchas!

¡Qué ejemplo de vida religiosa consagrada enteramente al Señor que se autoafirma dándose plenamente e irradiando bondad y dulzura a su alrededor!

 

¡Aguchita! Queremos que intercedas por nosotros y nos ayudes a descubrir más y más el Amor de Dios, para que podamos no solo pedir, sino seguir la huella que dejaste. Todos podemos imitar en algo tu ejemplo, que para esto son los santos. Tu vida ya está en el altar en el que ofreciste tu vida por amor a Dios y la ofreciste a tus hermanos y por ellos.

 

Descansa en paz en este hermoso lugar; aunque sabemos que no descansarás, sino que seguirás irradiando amor hacia el Señor que contemplas cara a cara y seguirás nuestros pasos con desvelo maternal.

 

Tus hermanas seguirán tu obra aquí. Ayúdalas a perseverar y encontrar su alegría en el servicio al prójimo. Ayuda al Vicariato para que surjan vocaciones para la vida religiosa y presbiteral. Ayuda a las familias para que sean unidas y estables. Ayuda a los niños y jóvenes para que crezcan en la sabiduría y en la virtud, para que sean tantas otras flores en el jardín del Señor, en el Jardín de La Florida. Ayuda a los pueblos indígenas para que la luz de Cristo los ilumine y que se afiancen en sus aspiraciones de tener una vida digna. Ayuda al Perú para que desaparezcan las flores del mal y florezcan las flores del bien.

Amén.

 

 

[1] Santa Rosa de Lima, a quien están dedicadas esta iglesia y misión.