A una conciencia más profunda de la presencia de Dios

 

Como Partner en la Misión ...
El tema del Capítulo y el logo nos invitan:

 

A una conciencia más profunda de la presencia de Dios:

Presencia de Dios en nosotras.
Presencia de Dios alrededor de nosotras, en la naturaleza en donde posamos nuestros ojos.

Presencia de Dios en aquellos con los que formamos comunidad.

Presencia de Dios en nuestros compañeros, parteners en la misión.

Presencia de Dios en las mujeres y niñas a las que servimos en nuestros hogares.

Presencia de Dios en aquellos a los que servimos en las parroquias.

Presencia de Dios en nuestros bienhechores que apoyan nuestra misión de una manera o de otra. 

 

Pedimos a Dios la gracia de abrir nuestros ojos y nuestros corazones a esta multitud de personas.

  • Que tienen un rosto
  • Que tienen un nombre
  • Que tienen una historia
  • Que han sido confiados a nuestro amor, cuidados y atenciones. 

 

Ponemos delante de Dios sus expresiones faciales distorsionadas con frecuencia por el dolor físico, espiritual, (pérdida de sentido en sus vidas), psicológico y social, el cual soportan día tras día por alguna u otra razón. Oramos por ellos de manera que podamos animarlos a levantar sus ojos hacia Dios, siempre fiel y misericordioso quien viene a su encuentro a través de cada uno de nosotros. Oramos para que, a través de nosotros, ellos puedan sentir el abrazo cálido y tierno de Dios, con su fuerza curativa y tranquilizante, que gradualmente sana sus golpes y heridas. Oramos para que Dios llene sus corazones vacíos con amor abundante y, sus mentes, con una paz real que viene solamente de Dios. 

La energía del amor en el corazón del Universo

Las personas a las que servimos, son frecuentemente individuos y familias cuyo amor ha sido traicionado, maltratado o ha sufrido abuso en varios niveles. Las marcas visibles del abuso a nuestros ojos humanos, siguen siendo interiormente marcas invisibles e intangibles, más dolorosas de lo que  podemos percibir con nuestros ojos. Oramos para que Dios nos llene y llene a aquellos a los que servimos, de energía y amor. Un amor similar al cual se refiere San Pablo como “un amor que nos empuja” a luchar contra las barreras sociales y políticas de la inhumanidad, la injusticia, la indiferencia, la falta de cariño y comprensión 

Llamados a crecer en la conciencia de este Amor. 

Crecer en la conciencia del amor de Dios es ser  como el árbol que está plantado a las orillas del río y mantiene sus raíces constantemente bañadas en las aguas del Amor de Dios. Nuestra orilla del río es el encuentro diario y la reflexión de la Palabra de Dios, celebrada e impartida idealmente en la liturgia diaria, en la Eucaristía o en el tiempo tranquilo en el que hacemos espacio para ello en nuestra rutina de cada día. 

Llamadas a experimentar y reverenciar nuestra interconexión fundamental entre nosotros y con toda la vida creada.

Solamente experimentando y reverenciando aquellos:

  • A quienes somos llamadas a servir
  • Con quienes compartimos nuestra comunidad,
  • Con nuestros partners en la misión, con los que compartimos  retos y esfuerzos y llegamos a experimentar la interconexión fundamental entre nosotros y  la vida creada. Somos, y necesitamos mantenernos conscientes que son las personas a las que servimos las que nos reúnen y nos recuerdan el amor, el cuidado, los talentos, las habilidades y la experiencia que acumulamos a lo largo de los años, cuando nos esforzamos por servir de la mejor manera posible. 

La vida creada es no solo una nueva vida de la cual nos maravillamos cuando somos testigos de un nuevo nacimiento, como sucede ocasionalmente en nuestros albergues o en nuestras parroquias. La vida creada se presenta cada vez que vemos a una mujer recoger las piezas de su vida e intenta hacer lo máximo para comenzar de nuevo, lejos de aquellos que han herido su dignidad en todos los niveles. La vida creada es el momento en el que un niño puede reanudar su vida escolar normal y su tiempo de juego que, a su vez, lo sana emocionalmente cuando se esfuerza por seguir a su madre en una nueva forma de vida, lejos de la persona que violó su espacio sagrado, su casa. La vida creada es ser testigos de los feligreses en necesidad, a quienes servimos, cuando tienen acceso a la alimentación y vestido, a un trabajo decente con el cual ellos pueden ganarse la vida y, como el Papa Francisco lo dice, recobrar su dignidad humana. 

Cautivadas por su amor, 

Dios, el creador de todos los seres nos cautiva con su Amor. Si Dios no nos atrae a su amor, nuestro trabajo y esfuerzos serán en vano, como el salmo lo proclama. 

Llamadas a fluir espontáneamente en Celo

Es este amor que nos cautiva constantemente y que alimenta y prende fuego a un espontáneo flujo de celo, el cuarto voto que las HBP profesan. Celo por la reconciliación y la salvación de aquellos con los que interactuamos, ya sea las personas que nos son confiadas, la comunidad a la que somos llamadas a vivir y los parteners en la misión con quienes somos llamadas a servir. Llamadas al mismo celo que llenó a San Juan Eudes y Santa María Eufrasia al punto de trabajar sin descanso por establecer refugios seguros a través de nuestros albergues y las comunidades parroquiales en las que servimos. 

Llamadas a ser impulsadas, a ser apasionadas por la justicia para desafiar las estructuras en las que prevalece la injusticia. 

Este mismo celo alimenta nuestra pasión por la justicia, que es frecuentemente pisoteada a varios niveles y en varios contextos. Las mujeres y los niños en nuestros albergues esperan diariamente que se haga justicia, cuando ellas han denunciado el crimen que provocó la Violencia Doméstica. Esperan en justicia una vivienda social, que se les dé un techo sobre su cabeza ya que no tienen un hogar al que ir o, el que tienen, no es suficientemente seguro para regresar. Los feligreses a los que servimos diariamente esperan que se haga justicia, ya que esperan de su trabajo un salario diario decente, beneficios sociales cuando se encuentran en necesidad, viviendas sociales una vez que no pueden lidiar en el mercado de alquileres cada vez más alto;  citas oportunas en el hospital cuando su salud se deteriora.

 

Llamadas a vivir en relación correcta con la humanidad y toda la creación. 

Dios nos llama a vivir en una relación correcta con la humanidad, en reciprocidad con los otros y con toda la creación. Recibamos este llamado a abrir el corazón y una mente abierta, consciente de que la voluntad de Dios está ahí para sostenernos en nuestros esfuerzos, que nos son fáciles de alcanzar. Pidamos la gracia de sostener este llamado alimentándonos con una meditación y contemplación constantes, celebrando los sacramentos de la Reconciliación y la Santa Eucaristía y permitiéndoles sostener nuestra relación con Dios, la humanidad y todas las cosas creadas. No dejemos nunca de pedir la gracia de ser dignas pastoras y cuidar las personas a las que servimos en nuestros albergues y parroquias, la comunidad en la que hemos sido llamadas a vivir en comunión y, los parteners en la misión con quienes estamos llamadas a compartir los prados.

Bernadette Briffa

Partener en la Misión/ Malta